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 A Voz de Galicia quixo recoller, nestos días tan complicados, e máis para unha Residencia, como están a vivir esta cuarentena os nosos queridos maiores.

A Residencia de Silleda está chea de historias de amor, e agora de distancia tamén, e a prensa quixo recoller unha de tantas. A historia de Isolina e Daniel, que poden verse a través de medios telemáticos para polo menos contarse como lles vai o día.

Nós tamén tivemos a oportunidade de contar cómo os nosos residentes levan este encerro, e o alivio que é para eles ter un pequeno patio interior a onde poden saír por turnos.

Son momentos difíciles tanto para residentes como para o persoal, pero é nestes mesmos momentos onde nos facemos máis fortes e onde a nosa prioridade é darlles máis cariño e amor ca nunca.

A continuación vos deixamos a nova da Voz de Galicia:

«La situación es dura, ver a su familia les ayuda a aguantar»

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2020/03/20/70-anos-juntos-separados-cuarentena-echo-dios-/00031584734666786851728.htm

 Fue Paula Guzmán quien ofreció a Isolina la posibilidad de pasar de balde unos días junto a Daniel. La intención era aliviar el impacto de la separación, que ahora se ha acentuado con la prohibición de visitas mientras dure el estado de alarma. «Los familiares no lo entienden, y los internos tampoco, aunque les damos la prensa y les ponemos la televisión para que lo comprueben por sí mismos», explica la directora de la residencia de Nogueira de Ramuín, que tiene también a su cargo otra más grande en Silleda.

El más pequeño de los centros cuenta con una ventaja para sus residentes: el patio al que pueden salir por turnos para atenuar la sensación de encierro. Algo que también se alivia en parte gracias al sistema de videollamadas que funciona con regularidad. «La situación es dura y verlos les ayuda a aguantar», razona al respecto de la medida. Un recurso de emergencia, como otros que ha tenido que poner a funcionar: «En Silleda tuvimos que cerrar el centro de día y reciclar al personal para cubrir posibles bajas. Además, tenemos a los de vacaciones en situación de retén».

Extreman precauciones frente al coronavirus, al punto de que  fueron de las primeras residencias gallegas en cerrar el acceso a los familiares, adelantándose incluso a las instrucciones de la Xunta. «A los usuarios les afecta —admite Guzmán—, tenemos varios que están acostumbrados a que sean sus hijos o sus nietos los que vengan a sacarlos a pasear». A cambio pueden verlos a través del móvil, un parche que cuenta con muchos defensores.

Como Nieves, que tiene a su madre ingresada y que se muestra comprensiva con la decisión:  «Entiendo el cierre. No es momento de correr riesgos. Lo que sucede es que lógicamente estamos muy preocupados. Al menos sabemos que si los ven muy tristes podemos recurrir a la videollamada». Facilidad impensable en centros de mayores dimensiones —«En estos son poquitos y así es más sencillo», valora Nieves— y que se complementa con charlas frecuentes con el personal: «Tranquiliza que te cuenten cómo va; en medio de todo esto, la información ayuda mucho».

Esta cercanía ha encontrado hasta el momento de una calma relativa en la mayoría de las residencias gallegas, que tratan de hacer acopio de medidas de protección, muy escasas hasta el momento, y adecuar sus instalaciones en previsión de lo peor. «Tenemos habitaciones libres para aislamientos y ya solo admitimos el ingreso de pacientes que deriven desde la gerencia —apunta la directora—. Hacemos todo lo posible, preparándonos para lo que pueda venir».

 

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